EL COORDINADOR DE LA PARENTALIDAD

 

Artículo publicado por: Mercedes García-Vilanova Comas, Secretario General de EMIN

En España, al menos, el 12 % de las rupturas de pareja con hijos son extremadamente conflictivas y, en la mayoría de los casos, los problemas vienen derivados de los incumplimientos de custodia,  régimen de relaciones con los hijos y cuestiones relativas a la patria potestad. Cuantos profesionales vinculados al mundo judicial viven con impotencia estas situaciones encontrando como única solución infinitos procedimientos de ejecución de sentencia, la mayoría por cuestiones de poca transcendencia, que se acumulan en los juzgados en interminables expedientes. Padres incapaces de ponerse de acuerdo en cuestiones como la hora de recogida de los hijos, el pago de unos libros, los repartos de las vacaciones, quien custodia los DNI de los hijos y demás cuestiones domésticas. Padres que están utilizando el sistema judicial para resolver su conflicto personal. Padres que, en la mayor parte de las ocasiones, no necesitan una solución judicial, y que el resultado que obtienen, desgraciadamente, es aumentar todavía mas el coste económico y emocional de su ruptura. Y, en definitiva, niños con problemas psicológicos derivados principalmente del conflicto abierto entre sus padres.

En esta coyuntura, común a todos los países del mundo occidental, surge la figura del Coordinador de la Parentalidad, también llamado simplemente Coordinador Parental. Encontramos antecedentes hace más de 25 años en Estados Unidos en la figura de los “Special Masters”, y su desarrollo posterior en otros países, con figuras similares, ha puesto de manifiesto que es un modelo positivo y resolutivo para reducir la conflictividad familiar en el ámbito judicial.

La AFCC (Asociation of Families and Conciliation Courts) define la Coordinación de Parentalidad como “un proceso alternativo de resolución de disputas centrado en el niño, en el que un profesional de la salud mental o del ámbito judicial con formación y experiencia en mediación, asiste a padres con alta conflictividad a implementar su plan de parentalidad”.

El Coordinador de la Parentalidad se designa por resolución judicial -aunque nada impediría que los propios padres lo hicieran- en la que se expresan detalladamente sus funciones. En la primera reunión, los padres y el Coordinador firman un “contrato de coordinación de parentalidad” en el que se detalla, entre otros, como va a ser su relación, el tipo de conflictos que podrán debatir, la duración, los honorarios y la capacidad del Coordinador para tomar decisiones cuando los progenitores no se pongan de acuerdo en algún aspecto concreto. Les ayudará, por ejemplo, en la organización del reparto vacacional, en las cuestiones escolares, en temas de disciplina, en la elección de actividades extraescolares, en la distribución de los tiempos de estancia, en los horarios de entrega y recogida, en la forma de comunicar con sus hijos y, en ocasiones, si así lo han decidido, resolverá algunas cuestiones sin necesidad de intervención judicial.

No realiza funciones de terapeuta, ni de psicólogo, ni de abogado. No es un “coach”. Tampoco podemos equipararlo a un mediador, aunque utilice sus técnicas. Es el Coordinador de la Parentalidad que se erige como figura independiente en el ámbito del conflicto familiar.

En la actualidad se desarrolla un programa piloto en Cataluña en la que se están formando Coordinadores de Parentalidad para ayudar a familias en conflicto, y confiemos en que pronto se extienda la experiencia a todas las Comunidades. El sistema judicial lo agradecerá. Los profesionales que colaboramos con el sistema y las familias también.

Y los niños, que son los grandes olvidados del sistema, los que mas.