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ESCUELA DE PADRES, DE MARIOLA HERNÁNDEZ QUESADA

Nuestra compañera Mariola H. Quesada, Vocal de CEMIN, es abogada y coach.

Es fundamental, tal y como recoge este artículo” no mezclar los problemas de conyugalidad de las cuestiones de parentalidad”

Se hace necesario crear conciencia sobre el nivel de vulnerabilidad que alcanzan los hijos, especialmente los menores, tras la crisis de pareja de sus padres si estos y su entorno no tienen actitud ni generan un ambiente en el que se facilite a los hijos un “escenario confortable” en el que la adaptación a la nueva situación sea lo menos traumática posible.

“Antes de la crisis matrimonial, es responsabilidad de los padres velar por el bienestar psico-afectivo y la estabilidad emocional de sus hijos”

Los padres deben esforzarse en distinguir y no mezclar sus “problemas de conyugalidad” de “las cuestiones de parentalidad” referidas a la vida de los hijos. Evidentemente, no se puede negar el impacto que la separación o divorcio de los padres causa en la estabilidad emocional de los hijos, especialmente de los más pequeños pero, no olvidemos, que la incidencia, mayor o menor, de ese impacto solo depende de sus progenitores.

En los momentos previos a la crisis matrimonial, durante el proceso de separación o divorcio y en los posteriores a la ruptura (nueva vida de los hijos con el progenitor custodio y nueva vida del no custodio y posibles futuras parejas), es responsabilidad de los padres velar por el bienestar psico-afectivo y la estabilidad emocional de sus hijos, es decir, priorizar y procurar el mantenimiento de ese “escenario confortable” para que, especialmente los menores, se vayan adaptando a la nueva situación y entiendan que sus padres “se han separado entre ellos, no de ellos”.

Se hace necesario valorar la ratio coste/beneficio de posturas intransigentes con el otro progenitor por el desgaste físico, emocional y económico que ello conlleva y el impacto negativo que sobre la vida de los menores produce. Se trata de que ambos progenitores ejerzan de padres de forma conjunta y no como si los hijos fueran “propiedad exclusiva” de uno de ellos.

“Hay que procurar no utilizar la inocencia y bondad de los niños para fines personales”

La ESCUELA DE PADRES debería ser un espacio en el que, además de aprender a ejercer como padres mientras que la familia está felizmente unida, se aprenda a seguir siendo padres después de la crisis matrimonial e independientemente de la vida en solitario o de pareja que cada uno pueda tener en el futuro. Esto significa que, además de velar por el cuidado y bienestar de los hijos comunes, hay que procurar no utilizar su inocencia y bondad para fines personales, fomentar el cariño tanto a la familia propia como a la del otro progenitor, ejercer de madres o padres pensando en el futuro de los hijos y en la gran responsabilidad que tenemos en nuestras manos. Así, además de aprender a gestionar la adversidad de una nueva vida en solitario o con los hijos sin la pareja, también sería útil fomentar el auto-conocimiento de los progenitores y para canalizar su nueva vida de la forma menos traumática para los hijos. Por ejemplo, cuándo y cómo presentar a la nueva pareja, cómo gestionar los momentos en común del no custodio con sus hijos (cocinar, cuidado diario, estudios, ocio, etc.), cómo gestionar las opiniones de los amigos “expertos en divorcios”, padres o compañeros de trabajo que opinan sobre nuestra vida, etc…

La escuela podría enseñar a “hablar a otros y hablarnos” de forma diferente, porque el lenguaje genera acción  y no es lo mismo decir “mis hijos” que “nuestros hijos”.

El interés superior de los menores es el de su estabilidad psico- emocional y afectiva y esto es algo tan frágil que debe ser tratado como si de una pieza de fino cristal se tratara: cuidándola siempre, manteniéndola limpia, dándole brillo e interactuando de forma que genere un sonido dulce para los oídos. Los hijos deben ser una prioridad, sin que por ello dejemos de cuidarnos y pensar en nosotros, porque de nuestra estabilidad psicológica y emocional depende también su crecimiento personal; debemos cuidarlos por encima de crisis o problemas de pareja, sacarles “brillo”, es decir, ver, reconocer y fomentar su talento y todo lo bueno que tienen y, finalmente, hablarles y oírles de forma activa, ayudarles a ser la “mejor versión de sí mismos”. Hijos que, cuando pasen años después de la separación de sus padres y se hagan mayores, sean capaces de decirles: “ PAPA, MAMA: GRACIAS POR HABERLO HECHO TAN BIEN”.